¿Por qué caminamos diferente cuando llueve? La explicación de los resbalones

 

Hay algo curioso que hacemos casi todos cuando empieza a llover:

Caminamos diferente.

 

Vemos el suelo mojado, una baldosa brillante o un paso de peatones resbaladizo y, sin darnos cuenta, nuestro cuerpo cambia la forma de caminar.

 

Damos pasos más pequeños, vamos más despacio, miramos más al suelo y apoyamos con más cuidado.

 

En realidad, tu cerebro acaba de cambiar tu estrategia de movimiento para intentar mantener el equilibrio. Por eso, si alguna vez has pensado “cuando llueve camino como un pingüino”, quizá no estés tan equivocado.

 

¿Qué cambia cuando el suelo está mojado?

 

Para caminar necesitamos algo que solemos dar por hecho: fricción entre el calzado y el suelo.

Cuando esta disminuye, tenemos menos margen de seguridad y nuestro cuerpo adapta la marcha: reduce la velocidad, acorta el paso y modifica cómo coloca el pie.

Es decir, no solo caminamos con más cuidado: cambiamos físicamente nuestra manera de caminar.

 

¿Por qué damos pasos más pequeños?

Si sabes que el suelo está mojado, probablemente no vas a caminar con pasos largos y rápidos.

Harás justo lo contrario: pasos más cortos, menos velocidad y más control.

Esta adaptación puede reducir determinadas demandas sobre el equilibrio y disminuir la intensidad potencial de un deslizamiento.

 

Tu cuerpo, básicamente, está diciendo:

“No sé cuánto agarre tengo, así que voy a moverme de una manera que me permita tener más control.”

 

El momento más delicado: cuando el pie toca el suelo

El contacto del talón con el suelo es un momento importante. Si hay poca fricción y suficiente fuerza hacia delante o hacia atrás, puede comenzar un deslizamiento.

 

Y no es lo mismo caminar que girar, parar, empezar a andar o bajar una pendiente. Estas situaciones pueden cambiar las condiciones que favorecen un resbalón.

Por eso muchas veces el susto llega justo cuando pensamos:

“¡Espera, que tengo que girar!”

 

¿Y qué tiene que ver el calzado?

Mucho.

 

En otoño cambiamos de calzado: botas, zapatos cerrados, zapatillas diferentes…

La suela, el dibujo, el material y su desgaste pueden influir en el agarre. Además, el calzado modifica la información sensorial que recibimos del suelo.

Y hay una combinación especialmente interesante:

chanclas + suelo mojado.

 

En determinadas condiciones experimentales, las chanclas pueden favorecer un deslizamiento más rápido y perder contacto con el talón. Así que quizá no sean la mejor opción para cruzar corriendo un patio mojado.

¿Qué hace tu cuerpo cuando empiezas a resbalar?

No pensamos qué músculo tenemos que activar.

El cuerpo responde automáticamente.

 

El sistema nervioso detecta el cambio y pone en marcha una respuesta rápida para intentar recuperar el equilibrio. Piernas y tronco pueden intervenir en cuestión de segundos para estabilizarnos.

Nuestro cuerpo, además, puede aprender de experiencias de movimiento y mejorar determinadas estrategias de recuperación del equilibrio.

 

¿Por qué algunas personas recuperan peor el equilibrio?

Influyen muchos factores:

  • fuerza y movilidad;
  • capacidad de reacción;
  • visión;
  • información sensorial de los pies;
  • sistema vestibular;
  • lesiones previas;
  • calzado;
  • superficie;
  • velocidad al caminar.

Por eso dos personas pueden pisar el mismo charco y reaccionar de forma completamente diferente.

¿Y si te resbalas pero no llegas a caerte?

A veces recuperamos el equilibrio y seguimos caminando, pero después aparece alguna molestia en el tobillo, rodilla, gemelo, cadera o espalda.

Puede ocurrir porque, durante ese intento de estabilizarnos, hacemos un movimiento brusco y generamos una carga inesperada.

No significa que todo resbalón vaya a provocar una lesión, pero si después aparece dolor persistente, inflamación, dificultad para apoyar o pérdida de movilidad, conviene consultar con un profesional sanitario.

 

5 cosas que puedes hacer cuando llueve

  1. Reduce la velocidad.
    Especialmente si el suelo está muy mojado.
  2. Acorta ligeramente el paso.
    Puede ayudarte a tener más control.
  3. Cuidado al girar.
    Evita cambios bruscos de dirección.
  4. Revisa tu calzado.
    Una suela muy desgastada no es la mejor combinación para la lluvia.
  5. No corras por llegar antes.
    Suelo mojado + prisa + giro + poco agarre no es una buena combinación.

Tu cuerpo está negociando constantemente con el entorno

Cuando cambia el suelo, cambia nuestra forma de caminar.

Si llevamos otro calzado, cambia la información que recibimos.

Si tenemos una lesión o miedo a resbalar, también podemos modificar nuestra marcha.

El cuerpo está continuamente negociando con el entorno.

Y la lluvia es un ejemplo perfecto.

 

Así que la próxima vez que camines como un pingüino… puedes reírte un poco. 😄

Pero recuerda:

estás modificando tu movimiento para intentar mantener el equilibrio en un entorno diferente.

Eso es adaptación.

 

Y si después de un resbalón notas dolor, rigidez o inseguridad al apoyar, puede ser interesante no mirar únicamente dónde duele, sino también preguntarnos:

¿Cómo ha cambiado mi manera de moverme?

 

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